Siempre fue el más independiente y aventurero de sus dos hermanos: Vakito y Tigrita.
En memoria de los que ya han partido al arcoíris y que dejaron una marca eterna.
Siempre fue el más independiente y aventurero de sus dos hermanos: Vakito y Tigrita.
Fue mi grandote, siempre recibió a los nuevos gatitos que adopté con las patas "abiertas", muy amistoso y torpe para caminar.
Una gatita muy aventurera y lista, le encantaba escalar árboles y nunca necesitó ayuda para bajar.
Es la hija de una gatita que adopté de la calle, tan matrera como su madre. Tuve que encerrarla conmigo durante días para que pudiera convivir con más personas y buscarle un hogar adoptivo.
Hermano de Ojitos. Fue un pequeño bebé que encontré a las afueras de mi casa junto con Ojitos y su mamá. Tuve la oportunidad de pasar sus primeros y últimos días cuidando de él.
Ella fue la mamá de sangre de Sandía y Chilito y madre adoptiva de Copo de Nieve y Güero. Nunca logré acariciarla, pero siempre cuidó de manera abnegada a sus gatitos propios y adoptivos.
Mi gatito, siempre tenía un huequito para un bocado más de pollo o hígado; abrir el refrigerador era invocarlo a venir.
Fue el hermano de Güero, no tuve oportunidad de conocerlo ya que su mamá adoptiva se lo llevó y lo escondió y no pude verlo de nuevo.
Fue un gatito muy independiente, pude tener un lazo fuerte con él hasta que tuve la oportunidad de darle cuidados en sus últimos días.
Amaba el pollo, se sentaba junto a la estufa a cuidar que no fuera a escapar y pacientemente esperaba que estuviese listo para comerlo.
Una panterita que encontré dentro de un canal de agua. Amaba estar junto a Sandía; solía dormir junto a él, por eso su nombre es Semilla, porque forma parte de una sandía.
Al perder a mi Tigrita y publicarla, recibí un mensaje de una persona que creyó haber encontrado a Tigrita. Sin embargo, se trataba de otra gatita que era de la calle. Decidí adoptarla para que tuviera un hogar, y así fue como llegó mi gatita tricolor (mi Tecolotón), como le decía de cariño.
Era un gato gigantesco que entraba a mi casa por la puerta trasera. Su forma de decir "estoy aquí" era asomar su cabeza; esa era la señal para darle comida. Apenas lograba acariciarlo, pero nunca logré atraparlo.
Vakita le llamaban a esta hermosa gatita. Desapareció de la casa de mis padres durante una semana. Publicándola en Facebook pudimos volver a dar con ella; tuve la oportunidad de cuidarla en sus últimos días.
Un gatito que llegó a casa de mis papás en octubre. Fue por eso que decidieron meterlo al patio y nunca más se fue. Le encantaba estar ahí recibiendo cariño y comida.
Era un gatito que entraba por un hueco de la ventana y "robaba" la comida de mi gatita.
Un gatito que recibí como obsequio de una compañera de trabajo. Solía visitarme en mi habitación antes de salir durante días de casa.